El orador sin audiencia
Leo era
orador y era Fascinante. Tenía en sus palabras firmeza y confiaba en su
capacidad de decir lo que tuviese que decir, pero no era humilde.
Un día
alguien —ya nadie se acuerda quién— lo invitó a dictar una conferencia sobre la
humildad. Él se preparó. Buscó todo lo relevante sobre el tema. Investigó sobre
las frases más célebres sobre este valor y se llenó del deseo de asistir a esa
conferencia que dictaría ese día.
Llegó
temprano al lugar, pero no subió de inmediato las escalinatas, quería hacerse
esperar.
Emanaba
arrogancia. Desde su apariencia hasta la manera en que se pavoneaba al andar. Él tenía un profundo sentido de
confianza en sí mismo. Se sabía capaz de transmitir con calidad lo que tenía
que decir. Pero al entrar por la puerta observó que el lugar estaba desierto.
Se
acercó a la persona que lo había invitado y de mala manera le preguntó por la
audiencia, a lo que el organizador le dijo:
— La audiencia eres tú.
— ¿Estás bromeando? — Contestó enojado el orador. Y añadió:
— Investigué por horas, gasté mí tiempo, organicé mi horario, gasté de mi dinero
para lucir adecuadamente, y tú me dices que de esta pérdida de tiempo yo soy la
única audiencia.
— Te consideras buen orador, pero aceptas dictar un tema
que ni siquiera conoces. La humildad no se enseña, se vive.
Fin. |
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